De niño (o quizás no hace tanto tiempo) probablemente devorabas cuentos de hadas en los que el protagonista tropezaba con una cabaña escondida en lo más profundo de un bosque encantado.
Seguro que te imaginabas ese escondite como un rincón peculiar, rodeado de plantas y estatuillas. ¿Y lo más emocionante de todo? Adivinar quién podía vivir allí dentro.
Si de adulto todavía conservas esos sueños de infancia, te alegrará saber que ese refugio de cuento puede dejar de ser solo una fantasía.
Gracias a la empresa «Rustic Way», cualquiera puede hacerse con uno de estos pequeños refugios, construidos con materiales del propio entorno para que encajen a la perfección con el paisaje.
Hay dos cosas en las que casi todo el mundo coincide: que las casas diminutas -cada vez más de moda- son estupendas, y que todo lo relacionado con los cuentos de hadas también lo es.
Las cabañas de Rustic Way, empleadas como refugios de jardín, cobertizos, estudios o incluso saunas, reúnen lo mejor de los dos mundos.
Pero lo que de verdad te va a dejar con la boca abierta es su interior.

Esta es una de esas maravillosas cabañas. Imagina toparte con algo así en medio de un bosque: pensarías que has caído, sin darte cuenta, dentro de un cuento de hadas.

Pero son completamente reales, diseñadas y construidas con mimo por Dan Pauly.
Él y su equipo recorren la zona en busca de madera vieja procedente de graneros abandonados, viviendas y otras construcciones antiguas.

Recuperan esa madera con cuidado y la guardan para más tarde levantar estas increíbles cabañas. Es decir, están hechas casi por completo con material reciclado, y todo el proceso es artesanal.

Dan proviene de una larga familia de constructores y carpinteros, y para él trabajar con esta madera -que a veces supera el siglo de antigüedad- es toda una experiencia.
«Hasta que no desmontas un viejo granero no te das cuenta del esfuerzo tan minucioso que puso el artesano original al levantarlo», cuenta. «Cada uno de esos graneros era una auténtica obra de arte».

Aunque comparten un aire de familia en el diseño, cada casita se construye pensando en un uso distinto: zonas de juego infantil, refugios de jardín, casas para invitados, saunas o incluso habitaciones extra.
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Y como es lógico, cada propietario le da su toque personal a la cabaña a través de la decoración y los colores.

Son totalmente funcionales gracias a su artesanía sólida y a los materiales reciclados, pero es su aspecto entrañable y algo excéntrico lo que las hace todavía más entrañables.

Incluso llegaron a exponerse en la Feria del Estado de Minnesota, donde los visitantes pudieron recorrer su interior y comprobar todo lo que ofrecen.

Sin duda, hacen que el mundo se vea un poco más mágico.

Muchos las usan como anexo de su propiedad y, según el uso que les den, pueden llevar electricidad, fontanería y el aislamiento necesario para que resulten lo más confortables posible.

Existen en tamaños de 2,5, 3 y 3,5 metros, y casi todas rondan los 4 metros de altura. Gracias a esa forma tan particular, ganan bastante más espacio interior que una cabaña convencional de planta cuadrada.

Y además, incorporan esta preciosa chimenea.
Pero… ¿qué esconden por dentro?
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Según el destino que se le dé a cada una, el interior varía bastante, aunque suele incluir camas, zonas de trabajo, lavabos…

Esta, por ejemplo, funciona como casita de invitados: tiene literas, algunos muebles e incluso un pequeño escritorio.

Y las camas, por cierto, se pueden colocar de distintas formas.

No tienen por qué ser literas necesariamente.

Y del mismo modo que ocurre por fuera, el interior se puede personalizar tanto como se quiera, hasta convertirse en un rincón de lo más acogedor.

Puedes ver más creaciones de Rustic Way en su página web.
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Fuente: Littlethings