Mi abuela solía decir que una paloma no es más que una rata con alas. Y la verdad es que esa fama la persigue: se las tacha de aves sucias, portadoras de enfermedades y siempre a la caza de restos de comida.
Seguro que a más de uno le ha tocado espantar a una paloma pegada a la mesa de una terraza, esperando paciente a que algo caiga al suelo.
Ver palomas en cualquier plaza es de lo más normal, pero la próxima vez que te cruces con una bandada, fíjate si eres capaz de localizar algún polluelo. Casi nunca aparece uno, y seguro que te has preguntado alguna vez por qué.

Giovanna Campos / Shutterstock
Para entender esto hay que remontarse al origen de la especie: las palomas descienden de aves silvestres que anidaban en acantilados y zonas montañosas. Con el paso del tiempo se trasladaron a las ciudades, donde encontrar comida les resultaba mucho más sencillo. Por eso es tan habitual que hagan sus nidos en lo alto de los edificios.
«Solo tienes posibilidades de ver crías de paloma si das con un nido», explicó la bióloga Debra Kriensky a la Sociedad Audubon de Nueva York. «Para cuando lo abandonan, ya son bastante grandes y se parecen mucho más a un adulto que a un polluelo».

imgur
Según esta especialista, las crías abandonan el nido entre los 25 y los 32 días de vida, momento en el que ya han crecido bastante. Así que, salvo que localices un nido, es muy difícil que llegues a ver a una cría.
Kriensky también advierte de que si te topas con una cría de paloma en plena calle, probablemente se haya caído del nido y todavía no esté preparada para valerse por sí misma. En ese caso, lo mejor es devolverla a su nido o improvisarle uno cerca de allí.