Este burrito no cabe en sí de felicidad

Pocas cosas resultan tan tiernas y divertidas como una cría de burro. Los burritos enamoran casi de inmediato: son como caballos en miniatura, con esa pinta un tanto cómica que a tanta gente le saca una sonrisa. Y hasta su vocabulario tiene su gracia: al macho se le llama asno, a la hembra asna, y a la cría, igual que en los caballos, se le puede decir potro.

Curiosamente, los burros superan en longevidad a sus primos los caballos: pueden llegar a vivir hasta 40 años. Y aunque hoy se le asocie casi únicamente con el trabajo de carga, sin demasiado prestigio social, este animal ha ocupado a lo largo de la historia un lugar muy distinto al que le damos ahora.

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En la antigua Grecia el burro era un animal ligado al dios Dioniso, y en Roma, debido al tamaño de su miembro, se le consagraba a Príapo, a quien se le ofrecía en sacrificio; cuenta la tradición que este dios había matado a uno durante la expedición de Baco hacia las Indias, por haberse atrevido a competir con él en fuerza.

Dejando a un lado toda esta historia sobre estas criaturas tan trabajadoras y sorprendentes, ¡no puedes perderte a este burrito tan adorable! Seguro que en cuanto veas el vídeo caes rendido ante él.

Este pequeñín tiene apenas dos semanas de vida y ya le está dando más de un dolor de cabeza a su madre. ¡Pero es que es tan mono! Cualquiera diría que ha estado observando a los mustangs salvajes, porque lo único que le apetece es correr sin parar. Por eso, sus cuidadores lo dejan salir del establo de vez en cuando para que estire las patitas y su madre pueda tomarse un respiro.

«¡Mira, mamá, lo rápido que voy! ¿No estabas mirando? Vale, pues lo hago otra vez».

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